Dibujando una sonrisa de amor.
En la vida hay cosas que valen más que lo material, los
sentimientos son oro y al valorarlos estamos cosechando amor.
Cuando
llegas a la edad de los quince años es
esa edad en que tus ilusiones comienzan, como jovencita tienes un mundo por
delante y es una etapa maravillosa de tu vida, deseas celebrar esa fecha
compartirlo con tus amigos, familiares y gente que amas. Si planeas una fiesta
sientes que todo alegra tu día, piensas en la comida, los invitados, pero sobre
todo los regalos, más que nada si son regalos de corazón, como el ver que
llegan esas personitas especiales como lo son en mi vida mis abuelos.
Cuando
comencé a planear mi fiesta tuve muchas dificultades pero lo que más me
angustiaba era que mis abuelitos maternos no me pudieran acompañar, ya que mi
abuelo estaba enfermo y mi abuela no
podía salir si él no iba. Eso me preocupaba mucho y no podía imaginar mi fiesta
sin los padres de mi madre.
Al llegar a
la fecha tan esperada solamente deseaba es buena noticia. Recibí muchos regalos
pero lo mejor fue en la comida, ya no sabía que hacer pues mis invitados
llegaban, sin embargo los más esperados no aparecían, pero en eso vi
entrar a mi abuelo acompañado de mi
abuela, esa sensación de verlos abrazarlos y estar con ellos en una fecha tan
especial me conmovió. Ese fue el mejor regalo que me pudieron haber dado, ya
que baile el vals con mi abuelo y mi abuela me dio unos aretes de ángel que aún
conservo. Sé que la ocasión ameritaba muchos regalos, pero pues a veces lo
material no importa tanto. Los aretes que mi abuela me dio fueron también
especiales ya que me dijo que esos angelitos me iban a cuidar siempre y que
simbolizaban lo mucho que me quería aunque a veces no supiera demostrármelo,
pues no nos vemos seguido.
En
definitiva considero que no siempre le damos ese significado a nuestra familia
porque consideramos vernos ridículos o que no es necesario porque pensamos que
ya saben lo que sentimos por ellos, pero nunca es suficiente demostrar ese amor
que sentimos por los demás, basta con un abrazo, una palabra de aliento y una
caricia, que estamos dando a entender que no están solos siempre vamos a
acompañarlos y llevarlos en nuestro corazón. Ahora que mi abuelo falleció solo
observo la fotografía que nos tomamos y me lleno de recuerdos y emoción.
Adriana Carrillo Romero
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